En la antigua Roma no existía diosa más pura, virginal y hermosa que Diana. Su similar en Grecia fue Artemisa, hija de Zeus y de Leto. Diana al considerar las penas y molestias que había pasado su madre al dar a luz, pidió a su padre le permitiese permanecer soltera, lo que le fue concedido haciéndola diosa de los bosques y de la cacería. Su padre le dio por séquito sesenta ninfa, llamadas Oceánicas u Oceánidas y otras veinte llamadas Ásias y en el cielo la constituyó en la Luna. La caza era su constante ocupación. Se le representa con una túnica corta, recogida por un lado, llevando arcos y flechas, con la media luna sobre su frente y perros de caza a su alrededor. El más célebre de los templos que se le erigieron fue el de Efeso, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

La fuente de “Diana la Cazadora” en la ciudad de México tiene una interesante historia que comienza en 1942, cuando el presidente de México general Manuel Ávila Camacho, a través del Regente dio inicio a un programa de embellecimiento a la urbe, que incluía la construcción de varias fuentes en glorietas o esquinas representativas. Se comisionó a los arquitectos Vicente Mendiola y Juan F. Olaguibel (escultor) para que realizaran una de estas fuentes en una glorieta que se localiza sobre el Paseo de la Reforma, cerca de la entrada del Bosque de Chapultepec.

El tema que se eligió fue el de Diana, la diosa romana de la caza, pero en vez de cazar animales en los bosques, flecharía las estrellas, de ahí el nombre de la impresionante escultura “La flechadora de las Estrellas del Norte”. La atrevida modelo fue una joven de 16 años Helvia Martínez Verdayer, quien despojándose del pudor propio de su tiempo, se desvistió y posó su escultural cuerpo desnudo de abril a septiembre de aquel año, en que se fundió en bronce una de las obras escultóricas más representativas del arte mexicano y con ello inmortalizar su cuerpo y, por añadidura, el cuerpo de la mujer, la que se inauguró el 10 de octubre de 1942. Desde entonces se le ha conocido como Diana la Cazadora. La desnudez de la escultura levantó ámpula en la sociedad mexicana de la época y al poco tiempo se le puso ropa interior de tela, obligando a Olaguibel a colocarle un calzoncillo de bronce a su obra, el cual al paso del tiempo se le quitó, cuando la sociedad pudo apreciar con otros ojos la obra de arte, pero esta se daño y fue retirada. En su lugar se mandó construir otra que es la que actualmente se encuentra en la ciudad de México. La modelo aún vive y mantuvo en secreto su anonimato por más de medio siglo.

Para esas fechas en Tuxtla Gutiérrez se construía el monumento a la Bandera en “La Lomita” en la administración del doctor Rafael Pascasio Gamboa, cuyas estatuas eran confeccionadas en México precisamente por Juan F. Olaguíbel y donadas por el presidente de la República, por lo que el gobernador pensó, aprovechando que en aquella ciudad se esculpía la estatua de la “Flechadora” (Diana la Cazadora) por el mismo escultor, mandar a construir una fuente en Tuxtla donde en su terminación se colocara la escultura de “Diana la Cazadora”, pero por la experiencia habida en la Ciudad de México, donde la gente desde un principio no vio con agrado la estatua por su desnudez, lo obligó a desistir de la idea, ya que fuente y estatua se pensaban instalar frente a los anteriores Palacios de Gobierno y Federal, colindando por el Sur con el templo de San Marcos, lo que seguramente también no hubiera sido vista con buenos ojos por la sociedad tuxtleca en esos tiempos, menos, al ubicarlas a un costado de la iglesia principal, por lo que únicamente se construyó la fuente a la que se denominó “Luminosa”.

Esta fuente se inauguró el primero de noviembre de 1944, con una superficie de 153.86 metros cuadrados, una altura de 6 metros; el brocal de 75 centímetros de altura, de cantera “chiluca” y leva un zócalo recinto; consta de dos tazones con un diámetro de 4.50 y 3.00 metros, respectivamente. Todo el revestimiento es de cantera y estáticamente le sirve de apoyo una estructura de concreto armado. Se adosaron los bloques labrados en la ciudad de México, la cual siguió los lineamientos de las fuentes coloniales. En los tazones y en el brocal están colocados los reflectores eléctricos que hacen resaltar por las noches la plasticidad del monumento. Agua y luz se diluían en ella con los siete colores del arco iris. La obra tuvo un costo de $25,000.00. Estuvo originalmente frente a Palacio de Gobierno y Federal. Posteriormente fue cambiada al parque “Joaquín Miguel Gutiérrez” donde quedó por más de treinta y cinco años, hasta que fue retirada al remodelarse ese parque. En la administración del presidente municipal Héctor Yáñez (1960), el encargado de la iluminación era Guillermo Preciado, quien nos cuenta que debido al contacto con el agua se fundían seguidamente los focos luminosos.

A principios de 1980 el Parque “5 de Mayo” (hoy Jardín del Arte “5 de Mayo”) se encontraba en total abandono, no había luz, ni área verdes, las dos fuentes de piedra que existían estaban sin agua y con basura, por lo que para emperifollar el parque se montó la fuente y como novedad la escultura de “Diana la Cazadora”, hecha ex profeso para la fuente en el periodo de gobierno de don Juan Sabines Gutiérrez, colocándose en medio del parque. Para agosto de 1982 algo deseó cazar la “Diana” que tuvo que bajarse de su pedestal. En realidad remodelaron la base de la siempre bella estatua de “Diana la Cazadora”, por ello estuvo en el piso del parque por una horas. A mediados de 1983, algunos ciudadanos se quejaban que la fuente de Diana carecía de agua y el esplendor de la misma quedaba a medias. Al remodelarse el parque (que tardó varios años) la constructora o constructoras encerraron con láminas toda el áre y la fuente y estatua fueron removidas de su lugar original.

Actualmente, desde fines de la década de 1990, se encuentra la fuente y estatua en la entrada oriente de la ciudad flechando hacia el norte hacía el cañón del sumidero, iluminada y con juego de agua que la hacen resaltar aún más por las noches, misma que se encuentra en lugar de un conjunto de tres postes de fierro que hubo en ese lugar, donde se puede apreciar en toda su majestuosidad ya que es una de las fuentes más hermosas de la capital chiapaneca.

Serie: “Fortaleciendo las Raíces”, #35
por; Jorge Alejandro Sánchez.

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